La suciedad del retrete era chocolate
Para rodar el famoso “peor retrete de Escocia”, el equipo preparó la falsa suciedad con chocolate. El aspecto era repulsivo, pero el decorado desprendía un olor dulce muy distinto al que imaginaba el espectador.
La escena más repugnante de Trainspotting escondía un secreto bastante menos desagradable: la suciedad del retrete se fabricó con chocolate. El decorado olía sorprendentemente bien, aunque Ewan McGregor tuvo que sumergirse igualmente en aquella mezcla para rodar una de las secuencias más inolvidables del cine británico de los noventa.
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Mark Renton intenta escapar de la heroína y de un grupo de amigos tan destructivo como inseparable. Danny Boyle convirtió la novela de Irvine Welsh en una descarga de energía, humor negro, música, suciedad y desesperación que ayudó a redefinir el cine británico de los años noventa.
El origen, el reparto y las decisiones que convirtieron Trainspotting en un fenómeno cultural.
Para rodar el famoso “peor retrete de Escocia”, el equipo preparó la falsa suciedad con chocolate. El aspecto era repulsivo, pero el decorado desprendía un olor dulce muy distinto al que imaginaba el espectador.
Antes del rodaje, McGregor acudió al Calton Athletic Recovery Group de Glasgow. Allí habló con personas en recuperación y aprendió cómo se preparaba la heroína utilizando glucosa en lugar de droga real.
Los primeros planos de la aguja no se hicieron sobre el brazo real del actor. Maquillaje construyó una prótesis con venas, marcas y pequeños depósitos de sangre artificial.
Irvine Welsh presentó la historia como una sucesión de voces, dialectos y episodios. John Hodge reorganizó ese material para convertirlo en una narración cinematográfica más compacta alrededor de Renton.
John Hodge ganó el BAFTA al mejor guion adaptado y también fue nominado al Óscar. Fue el único reconocimiento de la película en los premios de la Academia.
Danny Boyle, el productor Andrew Macdonald, el guionista John Hodge y Ewan McGregor ya habían trabajado juntos en Tumba abierta, la película que lanzó su colaboración.
Antes de interpretar a Spud en el cine, Ewen Bremner había encarnado a Renton en una adaptación teatral de la novela. En la película pasó a dar vida al miembro más vulnerable del grupo.
Carlyle construyó a Begbie como un hombre aterrador, violento e imprevisible. Su interpretación evita convertirlo en un simple tipo duro y muestra la amenaza constante que representa para los demás.
La actriz trabajaba en un bar y no tenía experiencia cinematográfica profesional. Consiguió el papel de Diane después de presentarse a un casting abierto en Glasgow.
Kelly Macdonald invitó a su madre y a su hermano al rodaje sin prever que aquel día se filmaría la escena íntima entre Diane y Renton.
El autor de la novela interpreta a Mikey Forrester, el hombre que vende a Renton los supositorios de opio que desencadenan la carrera hacia el retrete.
John Hodge realizó un pequeño cameo como uno de los guardias de seguridad que persiguen a Renton y Spud durante la apertura en Princes Street.
Edimburgo aparece en la historia, pero Glasgow hizo gran parte del trabajo delante de la cámara.
Aunque la trama transcurre en Edimburgo, gran parte de la película se rodó en Glasgow. Las apariciones reconocibles de la capital escocesa ocupan solo unos pocos minutos.
El comienzo muestra a Renton y Spud huyendo por Princes Street, Hanover Street y Calton Road, con el castillo de Edimburgo visible en algunos planos.
Renton sale despedido sobre el capó de un coche al final de la persecución. La maniobra se rodó en Calton Road, cerca de la estación de Waverley.
La conversación previa a la entrevista de trabajo se filmó en Café D’Jaconelli, un establecimiento tradicional de Glasgow que conservó durante años el aspecto visto en la película.
La escena en la que Begbie arroja un vaso desde una planta superior se rodó en Crosslands, un pub de Queen Margaret Drive, en Glasgow.
La estación aislada desde la que el grupo contempla las Highlands es Corrour, una remota parada ferroviaria escocesa accesible principalmente en tren o a pie.
El local donde Renton conoce a Diane fue un club auténtico de Partick. El edificio terminó desapareciendo y el terreno fue ocupado por viviendas.
La fotografía principal se concentró en el verano de 1995. El presupuesto limitado obligó a trabajar deprisa y a planificar con precisión muchas escenas.
El director de fotografía utilizó grandes angulares, encuadres inclinados, primeros planos extremos y movimientos enérgicos para traducir visualmente el estado mental de Renton.
Ewan McGregor llegó a plantearse probar heroína para comprender mejor a Renton, pero finalmente descartó la idea. Su preparación se apoyó en testimonios reales, libros sobre la adicción y el contacto con personas que habían conseguido abandonar la droga.
La película parecía salvaje y espontánea, pero detrás había efectos muy calculados.
Tras sumergirse en la taza, Renton aparece flotando en agua limpia. El cambio convierte una situación grotesca en una fantasía visual y marca una de las rupturas de realidad más famosas del filme.
Durante la sobredosis, la alfombra parece hundirse bajo el personaje. El efecto se consiguió construyendo un espacio adaptado para que la cama descendiera mientras la cámara mantenía el encuadre.
Para algunos planos, el equipo colocó la cámara dentro de elementos del decorado. Ese recurso ayudó a dar a la película su sensación de proximidad, encierro y movimiento constante.
Boyle transforma el síndrome de abstinencia de Renton en una pesadilla. El bebé avanzando por el techo representa su culpa y su delirio más que una situación literal.
La caída del perro y la reacción del propietario se filman con el mismo humor cruel que recorre la película, mezclando una situación cotidiana con una violencia casi de dibujo animado.
Las ediciones especiales han incluido nueve escenas descartadas junto a comentarios de los cineastas, una muestra de cuánto material se ajustó para conseguir los 93 minutos finales.
No fue una partitura de Damon Albarn: fue una selección de canciones que definió una época.
La batería de Iggy Pop acompaña la carrera de Renton y Spud y convierte el monólogo “Elige la vida” en una declaración de intenciones inmediata.
La canción de Underworld acompaña la huida de Renton y quedó unida para siempre a la película. Su popularidad creció hasta convertirse en uno de los himnos electrónicos de los noventa.
La dulzura de la canción de Lou Reed contrasta con el cuerpo inconsciente de Renton y con el trayecto hasta el hospital, creando uno de los usos musicales más inquietantes del filme.
Danny Boyle utilizó la canción de Heaven 17 para montar en paralelo una noche en la vida de Renton, Spud y Tommy antes de mostrar sus consecuencias.
La música de Iggy Pop no solo aparece en la banda sonora: Sick Boy discute sobre él con Renton y lo convierte en parte del universo cultural de los personajes.
El éxito del primer álbum llevó a publicar una segunda recopilación con más canciones utilizadas en la película y temas relacionados con su inspiración musical.
John Hodge no trasladó el libro página por página: encontró una nueva forma de contarlo.
La novela reparte la voz entre numerosos personajes y emplea dialecto escocés. La película concentra la narración en Renton para ofrecer al espectador una guía reconocible.
La cantidad de personajes y situaciones del libro hacía imposible una adaptación completa. Hodge seleccionó los episodios capaces de construir una trayectoria clara para Renton.
El monólogo de “Elige la vida” y otras intervenciones mantienen la ironía, el ritmo y la mirada de Renton, pero traducidos a imágenes y montaje.
La película no se limita a retratar el consumo de drogas. También muestra la dependencia emocional de Renton hacia un grupo del que intenta escapar una y otra vez.
T2 Trainspotting reunió en 2017 a Boyle, Hodge, McGregor, Bremner, Miller y Carlyle para explorar el paso del tiempo y las consecuencias de la traición final.
Una producción pequeña terminó convertida en uno de los grandes símbolos del cine británico moderno.
Frente al prestigio de los dramas de época, Trainspotting ofreció velocidad, música contemporánea, humor negro y personajes jóvenes alejados de cualquier respetabilidad.
Los retratos individuales del reparto, los nombres de los personajes y el diseño naranja ayudaron a convertir la película en un objeto cultural reconocible incluso antes de verla.
Parte del debate público sostuvo que su estilo energético podía glorificar la droga. La película, sin embargo, muestra también sobredosis, enfermedad, muerte, degradación y traición.
Su reducido presupuesto contrasta con el impacto internacional que alcanzó. El éxito abrió nuevas oportunidades para Boyle, McGregor y gran parte del reparto.
El montaje no desperdicia tiempo: canciones, voz en off, elipsis y escenas breves hacen que la película avance con la misma urgencia que sus personajes.
Una encuesta pública organizada en 2004 la situó como la mejor película escocesa de todos los tiempos, confirmando que su impacto había superado ampliamente el estreno.
Su música, diseño, actitud y reparto joven quedaron ligados al clima cultural británico de mediados de los noventa, aunque su visión era mucho más amarga que celebratoria.
Una restauración digital en 4K de la versión íntegra fue supervisada por el director, prueba de que la película continúa tratándose como una obra esencial del cine británico.
El famoso retrete no contenía suciedad real: el equipo lo cubrió con chocolate para que Ewan McGregor pudiera meterse en él sin peligro. La película también utilizó un brazo protésico para las inyecciones, una cama móvil para la sobredosis y decorados especialmente construidos para sus imágenes más surrealistas. McGregor se preparó junto a antiguos heroinómanos, Kelly Macdonald debutó tras acudir a un casting abierto, Irvine Welsh apareció como Mikey Forrester y el guionista John Hodge terminó nominado al Óscar y ganador del BAFTA. Con apenas 93 minutos y un presupuesto cercano a 1,5 millones de libras, Trainspotting transformó una historia de adicción en uno de los grandes fenómenos culturales del cine británico de los años noventa.
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