¡No hay grafitis porque nadie tiene tiempo!
Niccol prohibió los grafitis en las calles del barrio pobre: en un mundo donde cada minuto puede costarte la vida, nadie perdería tiempo pintando una pared.
Fuente ↗Andrew Niccol diseñó cada detalle de su futuro según la riqueza de los habitantes. En las zonas pobres nadie pierde un segundo: hasta los movimientos de cámara cambian al entrar en los barrios ricos.
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En un mundo en el que las personas dejan de envejecer a los 25 años, el tiempo se ha convertido en la única moneda. Will Salas vive al día hasta que una inesperada transferencia de años lo pone en el punto de mira de los guardianes del tiempo. Junto a Sylvia Weis descubrirá que el orden social está diseñado para que la inmortalidad sea un privilegio de unos pocos.
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La distopía social, los trucos digitales invisibles y los secretos del diseño de la película.
Niccol prohibió los grafitis en las calles del barrio pobre: en un mundo donde cada minuto puede costarte la vida, nadie perdería tiempo pintando una pared.
Fuente ↗La cámara se mueve más en Dayton para transmitir prisa; en el distrito rico de New Greenwich los movimientos se vuelven pausados. La desigualdad se cuenta sin diálogos.
Fuente ↗Niccol explicó que empezó a pensar en detener el envejecimiento mientras escribía Gattaca. La posibilidad de apagar el gen que causa la vejez merecía, según él, otra película.
Fuente ↗Durante el desarrollo el proyecto se llamó Now. Niccol valoraba la contradicción de llamar Ahora a una historia futurista sobre vivir en el presente.
Fuente ↗El equipo no necesitó viajar al futuro ni a otras ciudades: todas las zonas sociales de este mundo ficticio fueron creadas a partir de Los Ángeles y alrededores.
Fuente ↗Para evitar que el espectador reconociera la ciudad se eliminaron palmeras, carteles y edificios distintivos mediante retoque digital.
Fuente ↗El estudio Luma Pictures completó 65 planos con ampliaciones de escenarios, edificios y ambientes. No eran efectos espectaculares, sino trucos casi invisibles.
Fuente ↗Justin Johnson, supervisor de efectos de Luma, estuvo 22 días junto al equipo para que las ampliaciones digitales siguieran la estética imaginada por Niccol.
Fuente ↗Roger Deakins bromeó con que el mar y el cielo vistos desde ciertas localizaciones servían de enorme fondo azul: luego los artistas sustituyeron el paisaje por terreno industrial.
Fuente ↗El paisaje final de edificios en ruinas, carreteras deterioradas y vegetación fue reconstruido digitalmente con extensiones de decorado y fondos pintados.
Fuente ↗El equipo de efectos tuvo que integrar en numerosas escenas los dígitos verdes luminosos de la cuenta atrás sin separarlos de la piel en movimiento.
Fuente ↗La diseñadora de vestuario Colleen Atwood contribuyó a diferenciar la elegancia de los ricos de las prendas prácticas de quienes viven al límite.
Fuente ↗El oscarizado director de fotografía Roger Deakins colaboró con Niccol en un futuro que se parece deliberadamente al presente.
Fuente ↗El diseñador de producción Alex McDowell creó un contraste arquitectónico entre espacios industriales deteriorados y zonas amplias de riqueza y control.
Fuente ↗Niccol razonó que los pobres no tienen tiempo de inventar y los ricos no necesitan hacerlo; por eso evitó diseñar un futuro lleno de tecnología extravagante.
Fuente ↗El director prefirió encuadres compuestos y movimientos fluidos en vez de llenar la acción de temblores y movimientos frenéticos de cámara.
Fuente ↗Un reportaje de enero de 2011 presenció cómo Timberlake y Seyfried rodaban la escena en que un vehículo blindado entra en un banco de tiempo.
Fuente ↗La producción adaptó vehículos y espacios para que el estatus se viera a simple vista, sin recurrir a coches voladores.
Fuente ↗Luma Pictures realizó extensiones del exterior del casino y de otras localizaciones de lujo para completar la imagen de New Greenwich.
Fuente ↗El equipo escogió varias manzanas industriales poco utilizadas en el centro de Los Ángeles y transformó fachadas reales para convertirlas en barrio obrero.
Fuente ↗Una instalación de energía en Pasadena aparece entre las localizaciones usadas para representar el mundo de Will Salas.
Fuente ↗El puente de la calle Séptima de Los Ángeles y su entorno fluvial se usaron para dar forma a las zonas menos favorecidas del filme.
Fuente ↗Edificios corporativos reales de Century City, incluido el entorno de Avenue of the Stars, sirvieron para ilustrar la opulencia de la élite.
Fuente ↗El reparto confiaba el protagonista a un músico y actor que venía de participar en La red social; aquí sostiene una acción física constante.
Fuente ↗En la historia Rachel, madre de Will, ha vivido medio siglo pero tiene el aspecto de una mujer de 25 años: una consecuencia directa de la regla central del guion.
Fuente ↗Su Raymond Leon persigue las transferencias ilegales de minutos; el personaje permite mostrar la policía como guardiana del sistema económico.
Fuente ↗Philippe Weis, interpretado por Vincent Kartheiser, encarna a una élite capaz de acumular cantidades astronómicas de vida mientras otros sobreviven al día.
Fuente ↗En el argumento los salarios, los peajes y las compras se pagan con años, días u horas de vida: una idea que permite filmar transacciones como escenas de tensión.
Fuente ↗Niccol vinculó en entrevistas esa edad con la madurez y el control de impulsos; decidió que todos los adultos dejaran de envejecer físicamente a esa edad.
Fuente ↗El compositor Craig Armstrong firmó una banda sonora que acompaña persecuciones y silencios en una narración dominada por cuentas atrás.
Fuente ↗La principal regla visual era sencilla: la escasez de tiempo cambia todos los hábitos humanos. En Dayton no hay grafitis porque los habitantes no pueden permitirse minutos para pintarlos. La cámara también corre con los pobres y se calma con los ricos. Andrew Niccol y Roger Deakins trasladaron la injusticia social al lenguaje cinematográfico.
La película se rodó en Los Ángeles, pero sus paisajes se transformaron. El equipo de Luma Pictures completó 65 planos digitales: eliminó palmeras y anuncios, añadió naves abandonadas y construyó zonas industriales. Mucha de la ciencia ficción está precisamente en lo que no parece un efecto especial.
Andrew Niccol llevaba años pensando en una consecuencia de la ingeniería genética: si se logra detener el envejecimiento, ¿quién tendría derecho a vivir indefinidamente? Su respuesta no fue una utopía tecnológica, sino una sociedad estratificada en la que los ricos acumulan vida y los pobres negocian minutos.
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